No tienes que saber hacia dónde vas; lo importante es estar en camino”
Wayne Dyer (Psicólogo y escritor estadounidense)
Después de nuestro paso por el Lago Baikal, nos esperaba otro de los retos del Transiberiano: el cruce por Mongolia.
Ulán-Udé
Nuestra siguiente parada después de la visita al Lago Baikal fue la ciudad de Ulán-Udé. Poco podemos contar sobre ella, ya que fue una parada técnica para dormir.
Ulán-Udé es una ciudad rusa pero con una gran influencia mongola. Apenas se encuentra a unos 200 kilómetros de la frontera con Mongolia. Es destacable la gran cantidad de pasajeros con rasgos mongoles que empiezan a subirse en este tramo del transiberiano. Una de los regalos que te da este gran recorrido en tren es poder apreciar la diversidad cultural a medida que vas quemando kilómetros: es como si empezases el trayecto junto a Yuri Gagarin, lo continuases con Genghis Khan y lo terminases con Jackie Chan.
Bromas aparte y volviendo a Ulán-Udé, lo único destacable en esta alejada y aburrida ciudad es el gran cabezón de Lenin. Es así como suena. La plaza principal de la ciudad esta presidida por un busto del líder bolchevique. Cuenta con el récord Guinness por ser la cabeza de Lenin más grande del mundo.
Cruzando Mongolia
Después de nuestra breve parada en Ulan-Ude, nos dirigimos a Ulán-Bator, capital de Mongolia. Este tramo decidimos hacerlo en autobús. Habíamos leído en varios blogs que el cruce de la frontera ruso-mongola se hace interminable cuando vas en tren. Era más rápido y económico tomar un autobús. Además, como nos íbamos un agradable trayecto en un autobús tan finamente decorado.
Como bien habíamos leído, el cruce de la frontera fue bastante llevadero. Tras un par de subidas y bajadas del autobús para control de pasaporte y equipaje, un interminable paisaje de la estepa mongola y 12 horas de viaje llegamos al anochecer, sanos y salvos, a la desconocida Ulán-Bator.
La llegada a Ulán-Bator no fue el regalo que Jose se esperaba por su 36 cumpleaños: noche cerrada, cansancio acumulado, choque cultural (escupen sin parar), hotel desaparecido, etc … En fin, un poco desastre. Pero tras la tormenta llega la calma. Una buena samaritana se nos cruzó en el camino y nos «llevó de la mano» a nuestro hotel. Dimos por concluido el día con una buena pizza y un merecido descanso.
Al día siguiente, sin tiempo y ganas para visitar Ulán-Bator, cogimos el último tren de este épico recorrido con destino Pekín.
Llegada a Pekín y fin del transiberiano
Tras más de 7000 kilómetros, 15 días y grandes vivencias dentro y fuera del tren, por fin llegamos a Pekín con una mezcla de sensaciones: tristeza por la etapa del viaje que acababa y emoción por lo que nos iba ofrecer la milenaria China.
Os dejamos algunas de las mejores imágenes de nuestra aventura a bordo del transiberiano.









Veo que Mongolia os ha aportado poco, ni en historia,ni en imágenes y menos en gastronomía, China será otra cosa,pues un gran país en todo.
Asi es, fue un paso fugaz y obligado para llegar a China. Apenas cenamos una pizza y salimos de Ulan Bator con destino Pekin.
Poco hay que decir de Mongolia ,se que no os gusto nada por lo que en su dia me contasteis y efectivamente hay poco que decir.Pais triste donde los haya.
Despues de estas imagenes he decidido no visitarlo jaja.