Nuestra llegada a Moscú fue mas complicada de lo esperado. Nada mas bajar del avión el tiempo no tuvo clemencia con nuestro viaje y nos obsequió con un gran chaparrón. Mal empezamos. Esto, por si mismo, no debería ser ninguna contrariedad grave. Pero unida al hecho de que optamos por coger un autobús, en pro del presupuesto, nos enseño lo que es un atasco moscovita. Varios kilómetros de autovía de 3 carriles colapsada.
No hay mal que por bien no venga. El hecho de permanecer casi 2 horas encerrados en un autobús propio de la época comunista lleno de rusos (y el aburrimiento) te hace observar con detenimiento a la población local. Los rusos tienen una mirada seria y dura, pero se atisba un fondo de nobleza y de verdad en ella. Se los ve sufridos. No en vano, su ADN esta conformado a base de resistencia al enemigo. Los han tenido de todos los tipos. No hay otro pueblo que en su historia haya resistido a los ejércitos de la Horda Dorada mongola, Napoleón y Hitler. Para quitarse el sombrero.
Son las 20.30 y acabamos de llegar exhaustos al hotel, después de casi 3 horas de transporte publico entre autobús y metro y teniendo que aprender a marchas forzadas un poco del alfabeto cirílico. Acabamos el día con una merecida cena en el hotel. Mañana veremos que tiene que ofrecernos Moscú.

Muy bien Fatima&Jose!!! En un país como este una acción tan sencilla como un viaje en bus puede convertirse en una vivencia única… enhorabuena y que sigáis disfrutando de esos pequeños acontecimientos!!!
Benito, la verdad es que cada pequeña anécdota que nos va pasando se convierte en una gran vivencia para recordar e intentaremos compartir cada una de ellas con todos vosotros. un abrazo
Buena presentación, digna de un buen repportero.
Gracias! Estamos descubriendo este mundo de escribir posts poco a poco! Un abrazo